Mis ojos pudieron observar el cielo encapotado, quizá seria mejor cerrar de una vez, con la lluvia, la gente dejaba de salir y posiblemente no pudiese hacer otra venta mas, pero no sé… tal vez otro refresco, otra cerveza.. era mejor esperar y aumentar así los cuarenta pesos que tenía en la pequeña caja de madera . La primer e indescriptible sorpresa invadiría todo mi ser unos instantes después, el frío causado por la excesiva humedad que antecede a la tormenta comenzaba a calar mis huesos, así que lentamente me incorpore del sillón giratorio y me dirigí hacia una de las pequeñas recamaras en busca de una chamarra que aliviara el frío. Solo alcancé a dar unos cuatro o cinco pasos cuando pude percatarme que estaba caminando sin apoyarme en mis inseparables muletas.
Pero… cómo era posible eso , ¡ estaba caminando… solo !. Sacudí con fuerza mi cabeza, tratando de entender, la única respuesta lógica era que aún seguía dormido, si, eso debía ser… la parálisis infantil no es reversible…
Por instinto mis pupilas se dirigieron hacia mis pies, el miembro derecho había perdido su característica falta de fuerza y ya no estaba mas corto que el izquierdo… si en verdad esto era un sueño… por favor, ¡ que nadie me despertara !
Lentamente di media vuelta y dirigí mis pasos de regreso. Sin levantar la vista de mis pies. Ahí estaban mis muletas, inseparables compañeras recargadas sobre el pequeño mostrador, la luz reflejada sobre su pulida superficie regalaba a mis ojos destellos de plata. . La segunda sorpresa estaba por ser develada, después de contemplar a mis compañeras, y sin levantar la mirada aún, pude observar unos zapatos perfectamente lustrados, un pantalón negro de vestir y una playera verde de manga larga… Alguien entró sin darme cuenta y se encontraba sentado en mi sillón…
Cuando mi mirada enfocó el rostro del invasor, un estremecimiento invadió mi cuerpo de pies a cabeza, tal pareciese que me encontraba ante un espejo. Era yo mismo con los ojos cerrados, la cabeza descansando plácidamente en la cabecera del sillón, un semblante de paz en el rostro moreno y una sonrisa que no podría describir en los labios... si no fuese por el rosetón púrpura en la frente, podría asegurar que me encontraba placidamente dormido… el espeso líquido resbalaba en finísimos hilos por la cara, hasta formar un pequeño lago en el pecho
¡ Estaba muerto ! con incredulidad, trémulamente mi dedo se posó en el centro del rosetón de la frente, mi dedo pulgar realizó unos cuantos giros apoyado tenuemente sobre el índice y el medio, palpando la espesura del líquido perdido, por medio del cual se me había escapado la vida unos cuantos instantes antes.
Un ligero toque en mi hombro izquierdo me paralizó, una sensación indescriptible de frío invadió mi cuerpo, un violento respingo y un giro hacia atrás fue mi respuesta al voltear.
Frente a mi se encontraba un ente con silueta semi humana. Una especie de vapor de tonos azulados, nunca antes observados. De todas y de ninguna parte mis oídos escucharon una voz potente… cavernosa… metálica que me decía que disfrutase de mis últimos instantes de poder sentir, de poder recordar…
- ¿ No sabes aún lo sucedido ? – un dedo índice descarnado y no menos frío tocó mi frente y pude recordar… -
Pude observar en el reloj que faltaban diez minutos para las doce de la noche, el agua que previamente había calentado para el café se encontraba ya en su punto, vacié el humeante líquido en la taza, una cucharada de café instantáneo y tres de azúcar… cincuenta vueltas para mezclar perfectamente el azúcar y el café… vaya manía la mía, aun no entendía del todo el por que de mover exactamente el café cincuenta veces…
Una vez sentado frente a mi computadora encendí un cigarrillo y no pude evitar una sonrisa de satisfacción y orgullo al dar clic a guardar. Ahí estaba ya listo mi proyecto tan anhelado… “ El Fénix Negro “ era ya toda una realidad, el dinero para la publicación de mi primer novela , que con tantos sacrificios había podido reunir se encontraba ya disponible… Abrí un nuevo documento de Word y solo alcancé a teclear el título cuando una voz me interrumpió.
Se trataba de un jovenzuelo, de no mas de quince años de edad , la mirada sin brillo y los labios resecos por la urgencia de su dosis de droga…
Con voz temblorosa me pidió un cigarrillo de a uno cincuenta y un chicle de a cincuenta centavos, se los di, y en vez de los dos pesos, en su mano temblorosa apareció el oscuro cañón de una escuadra de pequeño calibre, quizás una de .25 mm.
Con voz pastosa me exigía el dinero, producto de las ventas del día, sin dejar de mirarle directamente a los ojos le contesté que solo contaba con cuarenta pesos, que si le servían de algo se los daría… posiblemente leyó en mi mirada la profunda tristeza que su aspecto me causó, confundió el sentimiento con lástima o quizá con burla y su dedo jaló del gatillo.
Un trueno causado por la tormenta que se avecinaba ahogó el ladrido del arma de fuego y un dolor punzante invadió mi frente. Afuera, el cielo comenzaba a llorar con un llanto fino en principio y un torrente después de unos cuantos segundos… un relámpago iluminó el mural del cristo crucificado que se encuentra frente a la tienda. Mis sueños y mis mas caros anhelos comenzaron a escaparse por el orificio dejado por la bala asesina.
- Esos fueron tus últimos momentos – sentenció la voz del ente – a partir de ahora, ya no podrás sentir, no recordarás, ha llegado la hora de partir… acompáñame…
- Pero… mis hijos… mi madre, mi esposa… mi novela…
- Ya no tendrás por que preocuparte por nada, pero si de algo te sirve. Tu familia, una vez que regrese de su viaje, tendrá la fortaleza para superar tu partida, hiciste un buen trabajo, sembraste buena semilla en tu hija mayor, el pequeño crecerá y siempre te recordará con orgullo. De tu madre y de tu mujer, permanecerán juntas hasta que yo venga por ellas y de tu obra… verá la luz, será publicada y habrás dejado el legado tan anhelado por ti . Vamos Javier, el sufrimiento que toda tu vida te ha acompañado ha llegado a su fin.
Dirigí una ultima mirada al reloj que marcaba diez minutos para las doce, a mi cuerpo inerte y a la pantalla de la computadora en ella el cursor parpadeaba intermitentemente al final del encabezado de un texto inconcluso : LOS ÚLTIMOS DIEZ MINUTOS…

