sábado, 28 de noviembre de 2009

UNA GRÁN FELICIDAD


Mis ojos han quedado secos ya. No pueden derramar lágrimas, en este caso dulces, de una felicidad plena. Tal vez por que últimamente la vida se ha empeñado en hacerme sentir en carne viva el dolor… el miedo. Sentimientos que me remontan muchos años atrás, en mi ya lejana infancia.
En aquellos años en los cuales rogaba a dios en mi inocencia infantil, que por favor, me enviara salud. Mi pequeño e inocente corazón se desgarraba en gritos suplicando al creador clemencia para que cesaran ya las burlas… las crueles humillaciones a las que era sometido por mis compañeritos, mis vecinitos, aquellos pequeños que, no midiendo las consecuencias lanzaban crueles comentarios en relación a mi estado físico.
¡Pata chueca, cojo! eran algunas de las ofensas mínimas que mis oídos escuchaban frecuentemente… como si yo tuviese la culpa de haber adquirido esa enfermedad… la tan temible parálisis infantil.
Para los adultos, solo era el pobrecito inválido… ¡INVALIDO! cruel palabra, magnificada cuando tuve uso de razón y entendí su total significado: no valer ¡NADA!
Después de comprender el significado, ya no clamaba a dios por mi salud, ahora solo pedía… mi muerte… No comprendía el por que de mi existencia en este mundo si a fin de cuentas no valía nada para la sociedad.
No fueron escuchadas nuevamente mis súplicas, tuve que acostumbrarme a las burlas y a la compasión de la gente adulta. Mis padres en su ignorancia, no encontraban las palabras que me hicieran entender mi situación real. Seguro estoy que ellos también sufrían, igual o más que yo.
Inconcientemente fingía que las ofensas no me dañaban en lo mas mínimo, aún que mi corazón se desgarrara, hasta que ya dejé de sentir. Como ahora en la actualidad.
Inconcientemente, sin saberlo a ciencia cierta mi carácter se fue haciendo duro y por que no decirlo: Agresivo, siempre a la defensiva, como la fiera a la cual someten a torturas en el circo de barriada y solo espera la oportunidad para escapar o bien: ¡atacar!
Ahora, a mis 46 años comprendo la verdad. El volverme pandillero y vicioso, solo era una búsqueda… una salida fácil para mi dolor, mi frustración y mi resentimiento hacia la sociedad que tanto me dañaba.
Inconcientemente mi meta era encontrar descanso a mi sufrir, a mi pobreza extrema, misma que no hería tanto como la falta de tacto de la gente. Esas acciones fueron una búsqueda del descanso eterno… ¡La muerte!
Siempre he sido un creyente en el destino y el mío no era morir como un perro, tirado a media calle, producto de una batalla campal o bien de los excesos en el consumo de droga. Mi destino era otro…Quizá el sufrimiento pasado y por que no reconocerlo, el actual también, son el costo de la redención, el pago por los beneficios recibidos al momento de redactar estas líneas.
Quien tenga la oportunidad de leer estas líneas, ¡créalo! Todo en esta vida tiene una razón de ser y no encontrar la muerte o la degradación total, encerrado en una fría celda, preparándome para ser un delincuente consumado. Fue por que tenía una misión pendiente en esta vida.
La misión llegó muchos años después, cuando mi sufrimiento continuó, ahora en la búsqueda del amor. La persistencia con la cual emprendí la batalla rindió sus frutos, después de tropezar una y otra vez. Por fin encontré a una buena mujer quien me aceptó con todos mis defectos que son muchos y mis pocas virtudes. Por medio de ella renací nuevamente en una hermosa niña quien recién acaba de cumplir la mayoría de edad. Y catorce años después en otro regalo de dios llegó a mi vida. Un hermoso bebé a quien pusimos el nombre de Javier Ángel. Y aquí es donde comenzó mi misión. He escuchado o leído por ahí – no recuerdo- Que los niños especiales no son enviados a personas comunes, que ellos son enviados para su cuidado a personas especiales… ¡y en verdad que pude comprobar en carne propia ese adagio!
Por obras del destino el pequeño presentó muchas dificultades para llegar a este mundo. Fue un embarazo de alto riesgo generado por placenta previa, situación que ponía en riesgo la salud y la vida del bebé y la madre.
En contra de todas las opiniones y después de dos amenazas de aborto, llegó por fin este angelito a nuestro lado.
Ahí comenzó lo que para otras personas sería un calvario y que para quien escribe fue un reto, la consecución de una de las misiones encomendadas por una fuerza desconocida y poderosa.
El evitar que este pequeño sufriera lo que su padre sufrió en su infancia, niñez y juventud.
Mucha gente, incluida la doctora que trajo al mundo al pequeño, nos decían que él haría las cosas comunes que todos los niños, solo que un poco más tarde. Así las cosas, el pequeño se convirtió en nuestra adoración por unos meses. El primer síntoma de alerta fue una ligera desviación en sus ojitos (estrabismo), la intuición nos decía que eso no era normal.
Los gastos generados por la atención de la cesárea, minaron gravemente nuestra situación financiera, poniendo en grave riesgo el negocio que unos meses antes había instalado y que con sacrificios comenzaba a rendir frutos.
Sin dinero, pero con una gran fe en que todo saldría bien, acudimos a la asistencia pública para la atención del pequeño. Encontramos respuesta en un hospital pediátrico dependiente del gobierno del Distrito Federal. El niño fue intervenido quirúrgicamente de manera satisfactoria. No fueron en vano los esfuerzos, las desveladas para estar en el hospital desde las cuatro o cinco de la mañana.
Tiempo después de corregir el problema de la vista, nos fuimos percatando que, el niño presentaba problemas en su psicomotricidad, haciendo un esfuerzo supremo, buscamos ayuda en una institución de paga para brindarle terapia y subsanar así el problema.
Por desgracia los gastos no fueron a la par de los avances. El negocio comenzó en franca picada al gastar más de lo que vendíamos en la pequeña tienda.
Tal vez nos aferramos a lo que todos nos decían: que no nos preocupáramos, que todo se debía a la prematurez de su nacimiento. Pasó así un tiempo razonable hasta que comenzamos a notar una deformidad igual o parecida a la que sufro en mi pierna derecha, denominada pie equino varo y llegamos a la conclusión de que era imperante actuar de inmediato.
Quisiera hacer patente a quien lea este texto que, fue sumamente difícil, ya no había dinero suficiente para buscar una institución de paga. Optamos por acudir al DIF en búsqueda de ayuda. La mala suerte se empeñaba en brindarnos su mejor cara.
Acudíamos a sacar ficha desde las cuatro o cinco de la mañana y siempre recibimos la misma respuesta. La institución está en remodelación, los médicos andan en un congreso… vuelva después… vuelva después.
Así llegamos al tiempo actual, totalmente desgastados económica y moralmente. Un buen día, navegando por Internet, encontré una institución en cuya página de Internet ofrecían una solución para el problema que AQUEJABA a mi niño.
Sin dudarlo un instante y solo con unos pesos para el pasaje en la bolsa. Acudí al lugar, de hecho ese día no probé bocado hasta llegar a casa nuevamente, no podía darme ese lujo, los pesos en casa brillan por su ausencia.
Después de mucho caminar ( por no saber exactamente a que altura de la calle se encontraba el número buscado ), llegué por fin a mi destino. La duda invadió mi mente, al encontrarme frente a un edificio de ocho pisos, relativamente elegante.
Lo primero que vino a mi mente fue que, por estar enclavado en una zona de cierto lujo, se trataría de una institución privada, de esas exclusivas donde te cobran hasta la aspirina que te dan para calmar el dolor.
Lo confieso… dudé, le di vueltas a la manzana buscando el valor para soportar el supuesto trato que yo creí me darían por ser pobre y no tener ni en que caerme muerto.
A fin de cuentas ya que mas daba… mi palabra… que era todo lo que tenia que dar en garantía… ¡se encontraba ya deshecha y tirada en el fondo de un bote de basura!, si me echaban del sitio como a un perro… valía la pena por la búsqueda de una solución para el problema de mi niño.
En la notita que llevaba, indicaba el cuarto piso. Con miedo… mucho miedo, abordé el elevador, descendí en el piso indicado y pude observar mucha gente. Tímidamente pregunté que si ahí era la institución que buscaba. Una señora me contestó que no sabía, que era la primera vez que acudía. Que preguntara a una señorita que se encontraba en una oficina, lujosa por supuesto.
Leyó la notita que le extendí y me indico que fuese al séptimo piso, que ahí me atenderían. Toda la fortaleza que según yo, había adquirido minutos antes, se derrumbó al darme cuenta que no me había equivocado en mi apreciación, estaba en una clínica exclusiva, para personas ricas… y yo sin tener el dinero suficiente para comprarme un taco de diez pesos…
Con las piernas temblando, sacando fortaleza nuevamente en el vehemente deseo de que mi niño no sufriera el rechazo y las burlas que yo sufrí, entré en el lugar indicado.
Nuevamente me vi ante otra señorita, hermosa como las que laboran en la mayoría de esos sitios donde atienden a los pudientes. Me preguntó datos, que quien era el paciente, por el diagnóstico, yo le contesté y me dijo que era posible darme cita para una evaluación, que era necesario pagar trescientos pesos por la consulta. Mi mente trabajó a mil por hora, sin poder evitar poner mi cara de tristeza. Elucubré una y mil ideas para conseguir el dinero. La chica al observar mi semblante - según yo- se compadeció de mi y me dijo que si no tenía dinero, que aportara una cantidad mínima, cien pesos.
Mi mente seguía calculando de donde sacar el dinero y sin encontrar respuesta aún, le contesté que sí, que esa cantidad si me era posible conseguirla.
Me dio cita para una semana después (misma que se cumplió ayer, 23 de Noviembre de 2009) y un papelito con los documentos que tendría que llevar.
Todavía con una gran incertidumbre, acudimos a la cita con el niño y mi esposa. No esperamos mucho tiempo para que nos hicieran pasar a un pequeño consultorio, con unos aparatos desconocidos para mi, con muebles mismos que me hacían recordar esas series gringas de médicos. Mientras llegaba el doctor, trataba de calmar mis nervios observando los muebles, el instrumental y jugando con las persianas del la ventana, fingiendo ver el panorama sin ver absolutamente nada.
Algo que me llamó mucho la atención, fue un banquito, de esos tan comunes en las clínicas, cromado y con llantitas, sin embargo para mi fué sui generis ya que el asiento no era de metal cromado si no curiosamente le habían montado un asiento de motocicleta, quizá de una harley davidson. Mientras admiraba la estética de la pantalla de cristal líquido de la computadora montada en la pared, llegó por fin el médico.
Me llamó la atención su juventud, aún que soy malísimo para calcular edades (malo en un aprendiz de escritor) creo que no pasará de los treinta y… tres o treinta y cuatro años y tal vez estoy exagerando. Se presentó (confieso que el nerviosismo no me hizo concentrarme en su nombre) El doctor Gabino Adalberto Silva Torres. Nos hizo las preguntas de rigor y revisó al pequeño mientras hacía bromas relacionadas con el fútbol, quizá por que observó mi playera del cruz azul.
Nos hizo saber su diagnóstico y que la solución al problema era una intervención quirúrgica, que su costo era de sesenta mil pesos… ¡chingao! Y yo que solo gano casi lo suficiente para poner el pan en la mesa. No me había equivocado en mi apreciación de que esa era una clínica para riquillos… mientras me decía que en otras instituciones la misma intervención no costaría menos de cien mil, mi alma y mi corazón se encontraban nuevamente destrozados y mi fe amenazaba por morir por completo.
¡Y de pronto las tinieblas se dispersaron de inmediato, tonto de mi, no dejé que el médico terminara su explicación! Nos hizo saber que son una institución de asistencia privada, que se sostiene gracias a donativos de la gente caritativa; que si tenía los diez mil pesos, contesté negativamente. Su respuesta fue que si no los tenía, como podía cobrarme, ¡que intervendrían a mi niño sin cobrar un solo peso! Que cuando queríamos que lo intervinieran, asombrado solo atiné a contestar que la decisión era de ellos, el médico me propuso que al día siguiente… ¡no lo podía creer! – todavía, estando esperando a que mi niño entrara a quirófano… ¡no lo podía creer!-

Esas lágrimas dulces que al principio de mi escrito se negaban a salir… Doctor GABINO ALBERTO SILVA TORRES (así… con mayúsculas) en estos momentos… están fluyendo… junto con un nudo en la garganta que me impide respirar… permítame un momento SEÑOR doctor. Permítame sacar todos esos sentimientos de frustración… de dolor por no haber encontrado antes personas con ese sentido de respeto al juramento que realizan todos los médicos y que pocos cumplen a cabalidad.
Quizá usted y todo el personal que labora en tan noble institución no haya recibido las palabras correctas de agradecimiento y esto a mi manera de ver las cosas, es por que aún no se han inventado, por que estoy plenamente convencido que al igual que el amor y los mas bellos sentimientos del ser humano, no se pueden describir con palabras.
Sin embargo, quiero hacer patente a su persona y hacer extensivo a todas y cada una de las personas que laboran haciendo equipo. Que con la intervención efectuada a mi niño, han cambiado una vida y esto, señores… señoritas. No hay dinero que lo pague…
De todo corazón a todos ustedes un ¡GRACIAS!, nacido desde el fondo mismo de mi corazón y mi alma. ¿sabe usted doctor? Esto me recuerda una frase que mi má me decía desde pequeño: solo con un gracias sincero puede pagar un pobre…
Si de algo sirve, imagine usted este escenario, cuando yo sea adulto mayor y mi hijo se haya convertido ya en una personita con uso total de razón; le platicaré quien… quienes aportaron para que él no sufriera lo que yo sufrí. Quienes cambiaron su vida positivamente.
Algún día mi hijo tendrá esta misiva en sus manos y vivirá agradecido eternamente con usted y su equipo de trabajo yo, siempre llevaré esta acción en lo profundo de mi corazón… hasta que exhale el último aliento.
Por que gracias a papá dios y a ustedes, mi hijo podrá tener la oportunidad que a mi me fue negada ¿recuerda doctor Silva, que lo comentamos? Lo mío ya no tiene remedio, de hecho nunca lo tuvo. Pero mi hijo podrá caminar, correr, bailar, jugar fútbol
No sé que depare el destino para quien esto escribe, pero si puedo asegurar algo. Si algún día la suerte me muestra su buena cara, haré lo que ustedes, practicar el altruismo.
Haré todo lo que pueda por ayudar a alguien que lo necesite en esos momentos. Trataré de emular lo que ustedes. Hacer el bien al prójimo sin esperar nada a cambio, evitando el reconocimiento público. Como hacen muchos personajes de nuestro querido México, dan un poquito de lo que tienen, solo esperando aparecer en la foto y hacerse publicidad. Eso estimados amigos; ante mis ojos es hipocresía pura, solo es querer redimir y lavar conciencias percudidas, dando migajas de lo mucho que ellos ganan. Muchas veces explotando, exprimiendo al pobre.
Vaya pues para todos y cada uno de los integrantes del Centro de Cirugía especial de México IAP lo que un buen día mi madre me enseñó: ¡¡¡GRACIAS!!! Ya que solo con un gracias sincero… puede pagar un pobre.

19 comentarios:

Dragonfly dijo...

Hola Fénix, no sabes la gran alegría que me da a mi también leer tan buena noticia. Sé que sin duda todo tu esfuerzo y dedicación a tu familia se está viendo recompensado. Adelante! ya ves que si hay muchas más razones para seguir.

Saludos!

✈ĘɭĭZ∂™ τσdσs lσs Dεяεcнσs яεsεяvαdσs cσρчяιgнτ dijo...

Sea lo que sea... eres una persona que vale y mucho!

elbibis dijo...

Este tipo de noticias alegran el corazón, todavía me parece muy difícil de creer que sea verdad, que esta institución haya ayudado a tu hijo sin cobrar un centavo. Admiro tu dedicación y tu amor de padre, haciendo hasta lo imposible porque tu hijo no pase las calamidades que sufriste tú. Esos son padres. Esos son hombres.

santo dijo...

Bien bien bien ehhh una de cal por las mil de arena ehhh que bueno compa espero que disfruten de ello y ahora si como dicen gracias dios es gratitud pura.
Saludos compa

santo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Es un repaso de tu vida...como solemos hacer en momentos importantes. Al final, por mucho que pensemos lo contrario, el destino nos reserva hermosos tesoros.

Pienso en lo siguiente: el otro día mi madre, una persona que se dice creyente, culpaba "al diablo que es Internet" de que yo ya no crea en alguna clase de dios. Lo vivido por ti es una muestra más de que este medio de comunicación es, precisamente, una forma de abrir ventanas que de otra forma no hubiésemos podido alcanzar.

Creo que haces el bien al contar esta historia y darnos a conocer el nombre de tan magno mecenas que hizo de cara visible de una institución que no tuvo en vista los recursos económicos sino que la auténtica necesidad de ayudar a quien lo necesite.

Y si por esas cosas eres reconocido de una forma más pública, no rehuyas de ello...acéptalo con la humildad que caracteriza a los seres nobles. Alegría para ti y los tuyos...saludos afectuosos, de corazón.

GINA dijo...

uyyyyyy que fuerte....lo bueno es que todo salio bien y que al fin ay grupos de medicos que aun respetan su juramento....de esos hacen falta muchos. que padre que el destino te puso en el camino de uno de ellos

malhechecito dijo...

Compadro,no habia venido por aca, me da mucho gusto que haya pasado lo que paso en la clinica, le digo que eso de pedirle a Dios si funciona hombre, deseo que todo haya salido bien, por ahi me hace saber, ya pronto me comunico con su merced.
Un abrazo

malhechecito dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Guerrero dijo...

No sabes lo feliz que me siento ahora por todo lo que te ha pasado, te dije que todo iba a mejorar sólo hay que aguantar un poco.
Tu vida nof ue fácil, y no lo es, pero eso no sinigifca qu ya no tengas soluciñon tu problema, tienes otros que pueden ser solucionados y algún día me encantaría ayudarte en lo que pudiera, termias siendo un ejempo para muchos de nosotros todas las cosas que has vivido.
De verdad esta clase de personas alegran la vida.

Saludos y que todo haya salido bien y siga así.
Éxitos y nos veremos ptonto!!!

AndreaLP dijo...

Te lo dije, hermanito! Te dije que vendrían cambios y con ellos, bendiciones para tu familia.

Te quiero mucho y estoy feliz por Angelito.

Un abrazo.

Juan de Lobos dijo...

MI ADMIRADO GUERRERO: TE HAGO LLEGAR LA INVITACIÓN A LA REUNIÓN BLOGGER-TWITTERA EN EL SANBORN'S DE LA CASA DE LOS AZULEJOS, CENTRO DEL D.F. ESTE DOMINGO 20 DE DICIEMBRE A LAS 9:30 A.M. NOS REUNIREMOS PARA CELEBRAR EL FINAL DE ÉSTE AÑO Y VER LAS CARAS DETRÁS DEL TECLADO, CUESTIÓN QUE SIEMPRE RESULTA POR DEMÁS INTERESANTE.
AULLIDOS PARA TI.
P.S. HAZ EXTENSIVA LA INVITACIÓN A TUS LECTORES Y AMIGOS BLOGGERS O TWITTEROS. GRACIAS.

Anónimo dijo...

Fenix, estoy sumamente contenta,comparto tu alegria mi estimado. Que bueno q aun hay doctores como dices tu, comprometidos con su juramento, q no se hacen medicos solo por interes monetario, sino por ayudar.
hijoles, q alegria, compartimos todos tu alegria
ahora a seguir echandole ganas
!!!!
cuidate, cuidense mucho
maru de chocolate

Kix dijo...

Mi querido Fénix, lamento no haber podido venir antes, de hecho había estado muy alejada de la vida bloggeril, con prisas posteaba algo y listo, no entraba a leer. Ahorita estoy un poco más desahogada.

Te mando un abrazo!

Kix dijo...

Ya lei tu post... debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta. Yo que soy mamá puedo comprender lo que sentías, lo que pensabas... y la felicidad ciertamente también se desborda en lágrimas.

Un abrazo muy apretado.

M a r u dijo...

echale ganas!!!

bellota_b dijo...

Que alegría Fenix...todo en la vida debe tener sentido,no creo en un Dios generoso solo con algunos.

cariñussss....sorry mi atraso.

Cardo dijo...

Qué maravilla mi querido Fénix!
Situaciones como esta permiten seguir creyendo... en el ser humano y en la vida.
Ha sido una inmensa alegría entrar hoy a tu blog y encontrarme con tan magnífica noticia.
Un abrazo infinito!

Gabino Silva dijo...

Estimado amigo, muchas gracias por las palabras.....soy el Dr Gabino Silva, espero verlos pronto, por que ya toca revision a Angel. Reciba un afectuoso saludo